jueves, 14 de noviembre de 2013

#034 Viena. Una ciudad con encanto.


El Parlamento. Viena.

Llegar a Viena se volvió a complicar, aunque esta vez no tuve que coger ningún transporte. Llegué, pero el viaje fue largo y agotador. El primer coche que me recogió, con registro policial incluido a mitad de camino, me dejó en una gasolinera en la que estuve tres horas. Para colmo viví un momento muy de chico de provincia en el que otro autoestopista, que llegó más tarde, me mintió diciendo que había un tipo que iba a Viena (?). No había nadie, pero yo le creí porque pensé en que existía algún "código etico" entre autoestopistas, pero no, quería tenerme lejos de la mejor posición para hacer dedo. Me volví a mi sitio cabreado donde una hora mas tarde y me mantuve alerta por si volvia. Me volvio a tocar las narices al ponerse unos metros mas adelante de mi posicion (se supone que te tienes que esperar o hacer turnos). Finalmente, me recogió un chico para dejarme en otra gasolinera, al menos cerca de la ciudad, mejor que en mitad de la nada como estaba. Todavía me quedaban mas de cien kilómetros a Viena. Por suerte, una chica muy maja, que trabajaba de cámara en una serie de televisión alemana (esto nos dió largas conversaciones de nuestro oficio), me llevó a la capital austriaca donde pude reunirme con mi amigo Diego, un pucelano buscándose la vida en esta ciudad.

Palacio Belvedere, Viena.

Todo lo que hayáis oído de Viena es cierto. Es una ciudad espectacular, podría resumir en que es la típica ciudad en la que un japonés agotaría la batería de su cámara de fotos en un solo día. Hay un montón de edificios, arquitecturas gigantescas, un despilfarro en palacios y jardines, y una historia muy interesante que Diego, licenciado en historia del arte, me resumió como pudo. Para entender Viena hay que conocer su pasado, la puerta entre occidente y oriente durante la edad media, por lo que los turcos (en aquella epoca los otomanos) les daban mandanga de la buena, por lo que se tuvieron que defender construyendo una muralla que hoy queda solo un carretera en forma de anillo, que recorre un tranvia llamada... "ring". Supongo que aburridos de tantos siglos en paz, en la segunda guerra mundial, les volviern a dar mandanga y fue destrozada, por lo que la mayoría de los edificios están restaurados o construidos de nuevo. (Mas historia en la biblioteca).

Hoy dia Viena es una ciudad museo, donde no faltan los carros con caballos, musicos tocando en la calle y galerias de arte por doquier. El nivel de vida es mas bajo que en Suiza, pero es cara. El metro cuesta 2 euros el billete normal y una pinta 4 euros. Cada museo tenia un precio, pero recuerdo que hay uno sobre la caballeria hispana, donde hacen espectaculo con los animales en un minusculo coliseo, que costaba 16 euros. Pero en el supermercado puedes encontrar ofertas como una barra de pan de un kilo por menos de un euro. En cuanto a la carne, como me dijo Diego, es mas barato comprar un pollo asado ya cocinado que comprarlo en la carniceria.

No recuerdo si os conté que el conductor que me llevó a Salzburg me propuso visitar su exposición de cuadros en Viena. Aquí está la prueba:

Encuentro entre conductor y autoestopista.
Pasé un fin de semana atípico porque, después de mucho tiempo, deje de la lado el Couchsurfing y estuve viviendo con un amigo y sus compis de piso. El sábado, incluso, Diego me llevo de fiesta con ellos a una casa donde había una gran comunidad latina, al menos en una habitación del piso, ya que en otra había austriacos que como buenos germanos, hicieron su fiesta particular. Para entender esta sociedad hay que saber cosas como que a Diego le multaron por cruzar un paso de cebra en rojo a las once de la noche en una calle vacía (hasta los policías se lo tomaron a guasa cuando le soplaron veinte euros), o como a una amiga que estudia en la universidad y tiene que trabajar con austriacos en grupo le resoplan con cara amargada. En definitiva, te dicen a la cara que no les gustas. Ni siquiera trabajar con ellos les sirve para irse a tomar unas cervezas porque no entienden que es algo que nosotros hacemos habitualmente. Estas y mil anécdotas mas me contó Diego sobre una sociedad muy cerrada, perfeccionista y endogámica. Por suerte, vive con un grupo de amigos simpaticones que me acogieron como a uno más.

La cena del último día. Diego a mi lado.

Cada fotógrafo tiene sus manías, las mías es fotografíar carteles.

Parece una obra de Banksy.








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