martes, 20 de agosto de 2013

Shanghai #03. Visita a Suzhou

Niños jugando en Sozhou
Niños jugando en Suzhou

    Nos dimos cuenta pronto de que comer en Shanghai era barato, pero los cafés no. (El café en China es importado). Barato, pero tarde o temprano teníamos que hacer el cambio de moneda o sacar del cajero. Como teníamos euros, nos acercamos a un banco y, a pesar de que se tiraron un buen rato sellando un montón de papeles, el cambio lo hicieron bastante bien, mucho mejor que en España o el aeropuerto (incluso que en el cajero), por lo que siempre que pudimos cambiamos el dinero en bancos.
    Visitamos Suzhou, un pueblo al este de Shanghai y a una hora en tren de alta velocidad (40 Yuanes=5€) El vehículo era similar al AVE, pero aquí había azafatas dentro de los vagones y acceso a agua caliente gratis, porque la gente lleva sus infusiones y sus tazas encima. Nada más llegar, mi amiga Ziyu, negoció largo y tendido con una chica que nos vendía una ruta turística. Tras veinte minutos hablando con ella, sí, veinte minutos, nos fiamos y nos montamos en un destartalado bus por cerca de diez euros.
    En Suzhou hay más de doscientos jardines chinos, pero solo vimos uno, The couple's Garden Retreat. Muy bien conservado y con un aspecto de retiro pacífico muy interesante. Una vida sin estrés que llevaría el dueño. Rodeado de árboles, riachuelos y pequeños recovecos donde descansar. La paz se respiraba en el ambiente. Terminamos esta visita montados en una barca donde el remero nos dio una vuelta de cinco minutos y, al estilo de venecia, nos deleitó con una voz rota unas cancioncillas para luego justificar que le soltáramos unas monedas. La ruta de la seda pasaba por este pueblo, por lo que la visita a un museo-tienda de este magnífico material era imprescindible. Una explicación muy rápido de cómo se hacía la seda y terminaba en una tienda. Durante la comida, Ziyu, nos comentó que tienen la costumbre de comer con platos compartidos, arroz, pollo, verduras, y la sopa la dejan para el final, pero no pudimos terminar ni siquiera los primeros platos, ya que el guía nos llamó para seguir la ruta a toda prisa.
    La siguiente turistada fue ver a un par de artistas cantando (ópera china) en un pequeño teatro y, de nuevo (la parte más odiosa de la visita, ya que nos llevaba a matacaballos), hicimos otro viaje en barca para terminar en una tienda de jade. Esto fue el momento más surrealista de la ruta, ya que el dueño de la tienda estuvo demostrando las cualidades de su piedra cortando cristal, como si fuese un teletienda, y explicando lo virtuoso que es llevar consigo una pulsera de jade (los precios eran a partir de 200 euros). Según mi amiga, esta piedra es muy conocida en China porque creen que te recupera de dolores y enfermedades.
    El final del viaje fue lo mejor: la visita a la parte antigua del pueblo. Es lo más parecido a Venecia, con sus riachuelos y sus barcas. Rodeado de casas antiguas y una hilera de turistas haciendo fotos. Callejeando nos metimos en un bar y probamos sus deliciosos batidos naturales. Lo que me atrajo del sitio fue ver que estaba lleno de post it por las paredes y colgando del techo. Cada uno de ellos era un deseo y, según las dueñas del local, se cumplían, así que inmediatamente nos pusimos a escribir los nuestros y colgarlos (solo por si acaso).
• Precios marzo 2013.

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