miércoles, 14 de agosto de 2013

Shanghai #01. Primer día en China.



El barrio Pudong
Barrio Pudong
 
    Aterrizamos con retraso. Swiss, nuestra compañía de vuelo, tuvo una avería de cinco horas en Zurich, por lo que nos dieron un cheque de veinte francos suizos para comer en el aeropuerto. Estuvimos acompañados por una gaditana que venía de Frankfurt. “Voy a Mallorca, a ver a mi familia”, nos dijo. Compartimos opiniones sobre la mala situación de España y por qué ella vivía en Alemania y yo en Inglaterra.
    Tras pasar los controles de seguridad del aeropuerto, decidimos probar el Maglev (tren mágnetico), una novedad que solo notó nuestro bolsillo por pagar siete euros, mientras que el metro costaba menos de un euro. Pisamos Shanghai por primera vez en la calle Nanjing Rd. Una enorme y ancha acera peatonal con carteles de neones, era de día, por lo que las luces brillarían solo por la noche.
    Cuando nos dirigíamos al Hostal, nos dimos cuenta de que cruzar las carreteras iba a ser un deporte de riesgo. Las motos, eléctricas, pasaban en todas las direcciones, incluso por la acera, donde no tenían problemas de pitarte para que te apartaras. El semáforo en verde para peatones, parecía más una sugerencia, porque las motos te regateaban y los taxistas, pasaban sin importarles un carajo. Tras varios días, pudimos comprobar que los conductores tienen buenos reflejos.
    Nuestro hostal, el Blue Montain Bund Youth Hostel (13 € por noche), se situaba en un sexto piso en una enorme torre y tenía una terraza que no disfrutamos, debido al tiempo. En recepción estaba un par de chavales que chapurreaban inglés, aunque me costó entenderles algunas veces. Nos dieron la llave y comprobamos que la habitación estaba limpia, incluso nos dieron toalla. La única pega era ver que la ducha no tenía plato, por lo que el suelo del baño, con un desagüe, iba a ser donde nos teníamos que duchar (el mismo no-diseño de ducha como en San Petersburgo).
    Eran las cuatro de la tarde y el jetlag no lo notaba. Tenía una sensación de haber dormido mal. Esa tarde dimos un paseo por el malecón, la orilla del río Huangpu donde se observa el barrio Pudong con sus inmensos rascacielos, mientras que a cien metros de allí, tirando hacia el centro, el barrio The bund, se encontraban los miles de minúsculos locales de ferreterías, tiendas de móviles, carnicerías con la carne colgada al aire libre, pequeños puestos de frutería y de comida, algunos desprendían un olor muy fuerte que no nos tentaba a probar. En definitiva, un contraste de clases sociales. Al anochecer, vimos el paisaje colorido de las luces de neones de Nanjing Rd. y, para nuestra desgracia, no encontramos un bar donde tomar una cerveza. ¡Solo había restaurantes!
*Precios Marzo 2013.

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