viernes, 30 de octubre de 2015

Roma - Aeropuerto Ciampino



"Solo se puede perder un avión, si se viaja. Esto en la oficia no pasa". Este fue mi consuelo tras perder mi vuelo de vuelta a España. A pesar de tener que esperar diez horas en un aeropuerto tan pequeño como el de Ciampino y haber pagado cien euros más para conseguir el siguiente vuelo de Ryanair a Madrid.

Roma desde los aires
El aeropuerto de Ciampino, el segundo en discordia de la capital romana, está situado al sur de la provincia a 15 kilómetros del centro, por lo que en condiciones normales tardas por carretera treinta minutos. Existen varias líneas que te llevan hasta la estación Termini. El centro neurálgico del transporte en Roma. En el propio avión de Ryanair te venden los billetes de ida y vuelta por 4 euros, sin numerar, por lo que a la salida del avión hay una larga cola de espera y no sabes si vas a entrar en el siguiente autobús. 


A la vuelta ocurre algo similar. En mi caso decidí comprar por internet los billetes con la compañía Terravision para "asegurarme" el asiento a la hora que yo quería, pero ya vi que a la ida no había ningún criterio, por lo que a la vuelta me iba a esperar algo similar. Una lucha por ver quien entra antes. A pesar de esto, yo tenía el billete a las 7.25, pero el autobús llegó a las 8.10. La salida fue puntual, pero tardó una hora en llegar y mi vuelo salía a las 9.25. Fui protagonista de una carrera por el control de maletas en el que el personal del aeropuerto se portó muy bien y colaboró para colarme, aunque no sirviera para nada. 

Está claro que ajusté mucho el tiempo de llegada por no querer madrugar tanto. Desde luego, si hubiera sido un tren de cercanías, como hay para el otro aeropuerto, podría haberme fiado, pero confiar en el tráfico de Roma fue un suicidio, así que por tan solo diez minutos perdí el vuelo. 


Taquillas para sacar los billetes de transporte urbano en el aeropuerto.

Mi amigo Mariano no hubiera perdido el avión. Siempre esperamos las dos horas de tránsito que te sugieren las compañías. Además, me lo advirtió, así que por mucho que uno viaje, nunca hay que confiarse.



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